Allí estaba, sentado en la esquina más apartada, entregado a la escritura de ficción y a
las pócimas que él llamaba infusiones.
«¿Tú crees que escribe bajo los efectos de alguna droga?» Me preguntó.
Lo habíamos visto trasegar con una sustancia que disolvía distraído.
Puede ser, barrunté en voz baja, pero de cualquier forma eso no desmiente ni un ápice lo que sé de él. Es Ulíses, un aventurero de guerras y sueños a quien su mujer y su perro le esperan en casa. Y nosotros, ¡ay, nosotros!, ya no seremos los mismos después de leer sus cuentos.
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